lunes, 12 de mayo de 2008

Agra - La ciudad del Taj Mahal

Es domingo, hoy toca viajar: vamos a Agra. Allí veremos el edificio más conocido de India: el Taj Mahal. Antes, pasaremos unas 5 horas en coche para recorrer los 250 km que separan Jaipur y Agra.

Salimos del hotel a mediodía. La carretera no está mal, pero atraviesa un montón de pequeños pueblos así que no podemos ir a más de 80km/h. El paisaje es diferente al que estamos acostumbrados a ver en el sur: los colores marrones y ocres sustituyen a los verdes; los camellos hacen el trabajo de vacas o caballos, las cabañas no se construyen con hojas de palmera si no con paja o adobe, y no hay tanta gente vendiendo fruta; de hecho, fruta y agua son dos lujos en esta parte del país.

El fuerte Fatehpur Sikri nos pilla de camino, así que la visita es obligada. Aquí vivió Akbhar. Luego una pequeña parada: una cerveza, un refresco y unas patatas fritas y unos papad nos dan fuerzas para terminar el camino.

Aproximadamente a las 17:30 llegamos a Agra. Los alrededores de la ciudad son como los de las demás ciudades que conocemos: la limpieza sigue sin ser el punto fuerte, la gente sigue trabajando en la calle y viviendo en cualquier parte. Cuando aparecen carteles indicando el camino a Agra, las calles empiezan a mejorar, incluso parece que todo está más limpio.

A unos 3 km del monumento llegamos al Hotel Taj View, no es tan bueno como el palacio de Jaipur, pero tiene vistas del Taj Mahal desde la habitación. Merienda, baño en la piscina, partida de ajedrez, cena y a dormir... mañana empezamos las visitas a las 6:00 y hay que coger fuerzas.

Lunes, 6:05 de la mañana; cumpleaños de Bob. Estamos llegando al Taj Mahal, pero tenemos que bajar el coche, dejando todas nuestras cosas (excepto dinero para la entrada y la cámara de fotos) y montar en un bus eléctrico (5 INR/persona) para recorrer el último kilómetro. El gobierno ha decidido proteger al monumento de la contaminación. Llegamos a la puerta este del recinto del Taj Mahal. El gobierno ha decidido que los no indios tienen que pagar 750 INR para visitar el monumento. El gobierno también ha decidido que nos da unos patucos para la visita del mausoleo y una botella de agua para el calor. Vaya con el gobierno.

El recinto es inmenso, el Taj Mahal no es todavía visible. Recorremos los jardines y las zonas en las que vivían los obreros durante la construcción. Estamos impacientes, el guía nos va explicando por donde vamos pasando, pero no le hacemos caso. Cuando por fin cruzamos la puerta que da acceso al jardín central y al mausoleo nos quedamos sin palabras. El dedo no puede dejar de apretar el disparador de la cámara de fotos: casi 30 nada más llegar. Nos vamos acercando y disfrutamos de la armonía del lugar: los jardines, los reflejos, el verde, el blanco... También nos enteramos de la cantidad de cosas que el gobierno está haciendo o ha hecho para que el monumento siga igual... empezamos a cansarnos del gobierno.

Antes de entrar nos calzamos los patucos, el interior está oscuro, pese a que es todo blanco. El mármol, que es traslúcido, tiene incrustaciones de piedras de color (es arte típico de la zona, la técnica se transmite de padres a hijos). En el centro, las tumbas de Shan Jahan y su amada esposa, Mumtaz Mahal. No se pueden hacer fotos.

Son las 6:50 y tenemos una hora para disfrutar del entorno: recorremos los jardines, vemos el río, y en la otra orilla el lugar dónde debería estar el hermano gemelo negro del Taj Mahal. Porque el proyecto original incluía dos edificios: uno para ella, blanco, y uno para él, negro. El destino, la historia o, más bien, la ambición del hijo del rey, no permitieron que hoy lo disfrutemos. Unas 80 fotos después hemos terminado la visita. Es hora de volver al hotel para desayunar, cerrar la maleta y continuar con el viaje.

La última visita es el Fuerte Rojo o Fuerte de Roca. Aquí el gobierno ha decidido hacernos un favor: como ya hemos pagado la entrada del Taj Mahal, sólo tenemos que pagar 250 INR/persona a mayores. El fuerte es, como los demás, inmenso... o incluso más... porque en su interior podían mantener a 5000 elefantes, bastantes más que en los otros fuertes que hemos visitado... curiosa forma de medir el tamaño, ¿verdad? El fuerte es un palacio, o quizá sea un palacio que es como un fuerte... lo que es seguro es que en su interior hay zonas y zonas. Zonas que te hacen pensar en guerra, y zonas qué te hacen pensar en música, bailarinas, sedas y riqueza.

La excursión termina con la visita de la tumba de Akbar El Grande en Sikandra, luego tenemos que volver... 5 horas más en coche hasta Delhi, merienda en el aeropuerto, avión a Chennai, coche a casa, deshacer la maleta, a la cama... mañana a trabajar.