El avión ha salido de Chennai 5 minutos antes de la hora y ha aterrizado en Muscat casi media hora antes del horario previsto; sólo hemos tardado 10 minutos en hacer todos los trámites del visado (incluyendo el pago de las tasas, 6 OMR/persona por un visado de 1 mes, algo menos de 15€), al llegar a la zona de recogida de maletas, ya las tenían allí apartadas... esperando por nosotros, y sólo dos minutos después, hemos encontrado a Nuria.
Ir a casa en coche tampoco ha sido normal: carreta de cuatro carriles, apenas unos centenares de vehículos, los coches no tocan el claxon para adelantar, todos por el carril que les corresponde sin amontonarse, semáforos claramente indicados como tales, conductores respetan las señales... ¿pero quién ha enseñado a conducir a esta gente?
Cero problemas, cero retrasos... ¿será que hemos llegado al país perfecto? ¿o será, simplemente, que he estado demasiado tiempo en Chennai y había olvidado este tipo de cosas?
Por la tarde hemos hecho la primera escapada a la ciudad para ver el paseo del puerto y el zoco (ver mapa).
No recuerdo la última vez que estuve en un zoco, de hecho, no sé si alguna vez antes estuve. El de Muscat es pequeño y a la vez grande; o es grande y a la vez pequeño... quizá sea como todos los zocos, quién sabe. Un sinfín de pequeñas de tiendas llenan las estrechas calles que lo componen.
Empezamos por la zona de joyas: un grupo de calles largas y estrechas, como todas las demás pero llenas de tiendas con mínimas medidas de seguridad pero con oro (amarillo, de 24 quilates) en sus tres paredes interiores, el escaparate y el mostrador. No puedo calcular cuánto oro tenían, pero seguro que podían alimentar a muchas familias de Chennai durante bastante tiempo.
Antes de volver a casa hemos tomado un refresco: zumo de lima con menta; dulce, un punto ácido, pero sobre todo: refrescante.
Vamos a dormir, mañana es jueves... y aquí ¡ empieza el fin de semana !