Esta ciudad de unos 4 millones y medio de habitantes es una de las ciudades con crecimiento económico más rápido del mundo.
Después, y aunque los lugares de interés son el parque de la China Espléndida (lleno de miniaturas de momentos históricos chinos), la fortaleza de Dapeng (edificada en el año 1394, durante la dinastía Ming) o la calle de Zhongyng (cuyas aceras estaban controladas antiguamente por los gobiernos chino y británico respectivamente), la mayor parte de los turístas que vienen de Hong Kong no llegan a alcanzar el final de la primera calle.
Haciendo un esfuerzo sobrehumano (sobre todo por parte de las chicas), no nos dejamos engatusar y conseguimos sortear este primer obstáculo; nuestro objetivo en ese momento no eran las compras... si no la comida. Porque ¿qué mejor sitio para comer pato laqueado o pato al estilo Pekín que la propia China? Satisfecha nuestra ansia de turismo gastronómico, dedicamos el resto de la tarde al turismo comercial, y tras duras negociaciones cada uno consiguió adquirir el producto que buscaba. Los más pacientes pueden conseguir trajes a medida por 60 euros, bolsos como de primera marca por 70 euros, teléfonos casi como los de última tecnología por 80 euros...
Pero nosotros teníamos que marcharnos, Hong Kong nos esperaba para terminar el día. Quizá en otra ocasión...