Lo que sí que puedo decir es que me he dado cuenta es de las cosas que ya no recordaba haber echado de menos en los primeros meses y que volveré a echar de menos cuando vuelva. Y no me refiero precisamente a la familia o a los amigos... me refiero a algo un poco menos sentimental, y mucho más sabroso y a la vez uno de mis hobbys: el turismo gastronómico.
Esta semana Madam y yo hemos utilizado la vieja excusa de querer ver a amigos y familiares para disfrutar de las especialidades de Castilla y León, región española a la que pertenece Valladolid junto a otras ocho provincias, es conocida por muchas razones, yo destaco: la ruta de sus castillos, sus amplias zonas de agricultora (de ahí Tierra de Campos) y, por supuesto, las plantaciones de viñas que producen el vino de Ribera de Duero.
Y así, el miércoles hemos estado con Raúl (alias Rulo, el pianista) y Ana en Arévalo (provincia de Ávila) saboreando cochinillo asado en El Figón de Arévalo y de paso discutiendo (utilizando la acepción francesa de la palabra) sobre las diferencias culturales entre la India y occidente, y sobre las bases sobre las que se ha constituido la Declaracion Universal de los Derechos Humanos... tema como suponéis, apasionante donde los haya.Nuestra ruta de turismo gastronómico continúa desde mañana en Cantabria... pero eso, es otra historia.
